"No sé si soy clásico o romántico, dejar quisiera mi verso como deja el capitán su espada: famosa por la mano viril que la blandiera". Antonio Machado

18 enero 2010

ARTÍCULO DE OPINIÓN

Nonidi, 29 de Nivoso de 216

A lo largo, ancho y en los recovecos de estas líneas, que voy mal arrancándome a mí mismo a lo largo de los años, hay mil caminos y mil formas de conocerme.

Aunque no ha mucho mi propia hermana me decía en un comentario que me lee y le da la impresión de que no me conoce. Pero creo, no tengo buena memoria ni paciencia para ponerme a comprobarlo, que nunca he hablado de mis gustos directos y sin rodeos (¿se puede expresar uno sin rodeos? - Alguien habrá...), ni de las cosas que me desagradan muy por encima de mi visión científico-objetiva.

La verdad es que hay miles de cosas mal vistas socialmente que en a mí personalmente no me afectan. Conductas afeadas por la ortodoxia espacio-temporal que ocupamos, que en lo personal, plin. Por ejemplo: no me importa ver a alguien masticar con la boca abierta, no lo hago porque no me gusta desagradar a los demás, porque en ello me han educado, y sin mayores traumas intento educar en ello a mis hijos; pero sinceramente ni me molesta, ni me repugna ver a alguien comer con la boca abierta.

Llevo mucho peor las faltas de ortografía. Me duele ver una "b" por una "v" como si me escupieran la comida en la cara; una tilde en palabras en las que no cabe duda su uso, o en las que su omisión altera el significado de la expresión, y mucho más me duele si el error ha sido mío. Eso sí, sólo en contadas ocasiones uso el corrector gramatical. Manías de cada cual.

Me gusta una conversación tranquila al atardecer, quizá porque está en el instinto mismo del hombre hablar al atarceder una vez que ya ha satisfecho uno las necesidades laborales y humanas básicas. Esa hora que creo llaman ahora el "prime time", cuando todos descansan y presumiblemente la mayoría ven la televisión. Sí he dicho alguna vez que no me gusta la televisión, se convierte en un entretenimiento pasivo que nada me pide y por tanto nada le doy. Creo que es necesaria la retroalimentación. Hablar al atardecer, al aire libre, mientras el Sol se marcha y va cambiando el brillo de la conversación en toda una gama de pasteles y trinos de pájaros. Hablar, escuchar, reorientar una conversación, dejarse llevar por el diálogo. Suelo hablar más cuando estoy en un estado de animo nervioso, y hablar y escuchar, a partes iguales cuando me hallo sereno. Casi siempre tendré algo que decir, y casi siempre seré consciente de que puedo estar equivocado.

No me gustan los sonidos altos. Aunque sea música celestial. Quizá deba tener algo que ver con alguna cuestión anatómica, quizá congénita, incluso pudiera ser genética, pero no soporto un ruido en volumen elevado. Quizá por eso no aguante la feria, ni las discotecas, ni los bares de copas, ni los atascos...

Me gusta la gente que canta a guitarra y los que saben hablar francés. Dos de mis mayores asignaturas pendientes, las que ya dejaré para ninguna otra vida. Me encanta oir a ambos. Una noche con una guitarra, con un grupo de amigos y todo el tiempo del mundo por delante; o un paseo por Paris, por los cafés de Rue Rivolí, intentando escuchar la música de las señoras de la mesa de al lado.

No sé si me gusta o no la gente que dedica demasiados recursos de su vida hacia un único objetivo... No sé si me gusta porque valoro su capacidad, su entusiasmo, su fuerza de voluntad. O no sé si no me gusta, porque la vida no es un sólo camino, ni siempre va hacia adelante, es algo más como una compleja red, donde tanto los obstáculos como las anchas vías forman parte de la Vida y del regusto de vivirla. Los caminos del señor son "inextricables".

Me gusta la gente que sonríe por la calle (eso lo escribí hace mucho). Me gustan los que todo se lo toman con sentido del humor, con deportividad. No me gusta la gente cargada de certezas. Creo que era Saramago el que decía que por culpa de las certezas estaba el mundo como estaba. Me gusta más el verso que la prosa, aunque entiendo al que no. Me gusta más la historia contada escrita, que en película, aunque hay maestros que hacen casi innecesaria la lectura de su historia, o a veces llegan a mejorar el original.

No me gustan las entradas demasiado largas. No sé si porque en el fondo colma mi paciencia leer y leer sin compartir del todo lo que me dicen, y entiendo que a ustedes les pase lo mismo.

SALUD

1 Postillas:

Blogger candela dijo...

Hermano,

coincido en muchas contigo, y tal vez tolerar mal los sonidos altos sí sea genético y compartido. :-)

Un abrazo de quererte de tu hermana.

martes, 19 enero, 2010

 

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