"No sé si soy clásico o romántico, dejar quisiera mi verso como deja el capitán su espada: famosa por la mano viril que la blandiera". Antonio Machado

03 junio 2006

El antitodo como antídoto

Quintidi, 15 de Prairial de 212

No sé en qué momento exacto de mi vida dejé de creerme mis últimas esperanzas y me fui conformando, golpe a golpe, en el escéptico resignado que soy.

No me parece la mía una postura triste, ni siquiera de desesperanza, está llena de sensaciones vitalistas, de Humanismo del cuatroccento, de análisis de Todo y Todos.

Es simple y llanamente que no creo que las cosas funcionen a MEJOR, ni que sea practicable un postulado teórico para que ello ocurra, ni que las banderas, ni las escuelas, espuelas o ideas verdaderas, hayan desenrado más que enredado esta complejidad social que venimos circunvalando.

Me pasa algo parecido con la Espiritualidad: no niego qué me pudiera venir bien en algún momento creer en el Más Allá, en seres superiores o en algo; o que al menos sienta curiosidad por saber qué se siente al creer. Pero NO CREO. Y no puedo creer por más que me esfuerce, tengo la fontanela cerrada desde hace tiempo.

Algún que otro lector basado en la Felicidad que le aporta la ayuda al prójimo, o en la necesidad de creer que hay Luz más allá del Congreso, pensarán que mi visión es reaccionaria, revolucionaria, o por lo menos dañina. Pero no se asusten ni se compliquen por la idea, la planteo desde mi tranquilidad y con la ilusión de que siga siendo propia y no llegue a colonizar el Mundo. Mis aspiraciones quedan cercanas.

Eso sí, mi Filantropía se manifiesta uno a uno. Siempre tengo una sonrisa para el vecino, un ceder el paso a los peatones, un pedir perdón si me equivoco... Me gusta la gente desde su punto de vista personal, su sistema euclídeo. En sus justificaciones y derrotas. En las miradas.
Pero peco de misántropo cuando analizo los conjuntos. No sé cuándo estudié los diagramas de Venn, quizá en sexto de EGB, pero al final me quedé fuera de todos.

No parto peras con ningún gremio, con ninguna ideología, ninguna hinchada. Ni Aznar, ni Zapatero, ni Bush, Kohl, Lenin, Lennon, El Che, José Antonio, Machín... Aunque creo que hasta en el Vaticano de Roma, habrá un cardenal con el que tener una charla interesante.

Me quedé en mi entorno. Vivo por y para los míos, y soy feliz gracias a ellos. "Son aquellas pequeñas cosas".

No quiero alargar más el texto, porque si no aburro en plan mulo, y el destrozo de lo que quería trazar está esbozado.

SALUD